Solidaridad: Un valor por excelencia

Aarón Dávila.

Según el diccionario actual, la definición de esta palabra es la actitud de quien participa y presta apoyo a deberes, causas o responsabilidades de otras personas. O, dicho de otro modo, es la capacidad del ser humano para sentir empatía por otra persona y ayudarla en los momentos difíciles. Es un sentimiento de unidad, en el que se buscan objetivos e intereses en común. También se puede definir como la relación que existe entre las personas que realizan una cosa con el mismo interés.

La solidaridad como valor

Es un valor esencial, porque se trata de la colaboración mutua, que existe entre los individuos, lo que permite superar las dificultades, a nivel de países; así como a nivel más próximo, como familiares, amigos y/o conocidos. De este modo se brinda ayuda para que se mejore la situación por la que atraviesan.

Sinónimos de solidaridad: apoyo, ayuda, respaldo, adhesión, unión, fraternidad, concordia.

Antónimos de solidaridad: Indiferencia, egoísmo, desamparo, desunión, e individualismo.

Desgraciadamente, la solidaridad es un valor cuyo actuar se ha dejado sólo en caso de desastres naturales, terremotos, huracanes, inundaciones, o bien, en el caso de ciertas situaciones de emergencia, como accidentes de tránsito, daños graves, etc.

¿Pero será acaso esto, todo lo que podemos esperar de este valor? Como mencionamos con anterioridad, solidaridad tiene que ver con apoyo, ayuda, respaldo, pero también con valores, tales como: unión, fraternidad, concordia, lealtad, esperanza, determinación, arrojo, osadía.

Es decir, la solidaridad es un valor tan grande, que está listo para apoyar, pero también para adherirse a las causas de los demás; para ser fortaleza de quién así lo requiere, para ser un amigo, tanto como un hermano, no sólo en casos de desastre, sino en la vida diaria, cuando un vecino llora, cuando un compañero ríe, cuando un hijo obtiene una buena nota, cuando tu esposa o esposo te sonríe por las mañanas, cuando sube la canasta básica o cuando llegan los tiempos de remanso.

La solidaridad es un valor por excelencia que enarbola el estandarte de la humanidad, que no tiene sexo, posición social, religión, creencia, género o adhesión partidista; pero, sí nos define como personas y como sociedad.

Existen aspectos de la solidaridad que probablemente no hemos practicado, como es no callar cuando ves alguna injusticia.

El Estado de México, por ejemplo, en la actualidad, ocupa los primeros lugares en diferentes temas: asalto con agresión, feminicidios, discriminación a adultos mayores, corrupción, abuso de autoridad, machismo en los hogares, escuelas y centros de trabajo, y lo que está sucediendo, es que hemos optado por callar, en lugar de ser solidarios con quienes están padeciendo alguno de estos males.

La forma correcta de luchar, contra todo esto, es señalar oportunamente a quien lo practica y solidariamente con los que han sido afectado o lo están siendo, levantar nuestra voz como uno y no permitir que la práctica de tales cosas continúe.

La realidad es que no actuamos por temor a las represalias, preferimos callar y hacernos de la vista gorda, hasta que somos nosotros mismos los afectados y entonces sí, volteamos a un lado y al otro, esperando recibir ayuda de alguien.

El principio de solidaridad se formula claramente en el conocido evangelio de San Mateo, en el texto denominado la regla de oro, que dice: “Así que, todo lo que quieran, que los demás haga con ustedes, eso mismo hagan ustedes con ellos, porque en esto se resumen la ley.”.

Este es un precepto que infiere claramente solidaridad, pero también interés por el bien común y la unidad. Si actuamos con justicia, con honor, con amistad, con honestidad para con la gente, que nos rodea, entonces seguramente nuestra correcta actitud desencadenara acciones positivas, alrededor de nuestras vidas.

Solidaridad es mucho más que sólo prestar ayuda en los desastres naturales, es la capacidad de amar a los demás, como a ti mismo, de dolerte con quien se duele, de reír con quien ríe, de respetarnos como sociedad y aprender a reconocer los logros de los demás, y no sólo los nuestros.

Me gustaría dejarles un precepto, que va de la mano con este valor, y que es muy interesante, además. “Quién siembra bien, cosecha bien”

Si generamos acciones positivas, cada día, en lo personal y hacia los que nos rodean, seguramente acciones positivas nos serán devueltas. Solidaridad es un valor por excelencia y siempre un valor de buena fe.

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