La verdadera inocencia

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

Jacques Rousseau decía: “El que se ruboriza ya es culpable; la verdadera inocencia no siente vergüenza por nada.”.

Que frase tan directa y tan cierta, la verdadera inocencia no se justifica ni se ofrece, es más bien evidente e irrefutable, pero más aún, sin velo que la oculte.

Curiosamente, la inocencia es motivada por la verdad y esta se expone en forma natural, no necesita ser planificada, ni estructurada, sólo se da y así es la inocencia; por esto mismo, cuando pensamos en ella, evocamos casi instintivamente al actuar de un niño, cuando sin más se arroja a los brazos de su padre o se envuelve en el amor de su madre, no hay nada que ocultar, no hay nada que pensar, no existe lazo más importante que el amor, motor motivador de la inocencia.

La inocencia, curiosamente, aparece cuando hay ausencia del pensamiento; es decir, no depende de contemplación alguna, es una experiencia de vida basada totalmente en valores humanos, aquellos bien sembrados desde la cuna, si recibes amor, das amor, si aprendiste desde pequeño a compartir, en esa medida, compartirás, si en tu corazón fue guardada la esperanza y la expectativa de las cosas buenas de la vida, esto mismo será, entonces, el motor que mueva y desenlace las buenas acciones que te definirán como persona.

San Mateo presenta un asunto muy interesante en su evangelio: “El hombre bueno, del buen tesoro, del corazón saca buenas cosas, y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas; porque de la abundancia del corazón habla la boca.”.

Con viento en contra o a favor, actuar con inocencia mostrará tus intenciones y, cuando estas son de bien, no necesitan defensa alguna.

Todo lo que atesores en tu corazón irá construyendo los hechos de tu vida, para bien o para mal; es por esto, por lo que convenientemente debemos atesorar los mejores momentos, las más gratas experiencias, todo aquello que te permite sonreír y dar frente a la vida.

Los buenos tesoros acumulan riqueza y te permiten satisfacer tus más elementales necesidades, (hablando del corazón por supuesto) estos buenos tesoros, además, son los que alimentarán en todo tiempo la inocencia de nuestras vidas; -ojo- inocencia no es sinónimo de estupidez, mucho menos de ignorancia, por el contrario, es siempre la acción más segura de nuestras vidas, ya que implícitamente deja ver de nosotros el ejercicio de la verdad y la honestidad.

Quiero compartirles este pequeño poema que expresa de alguna forma nuestro tema:

Las sazones de esta vida

Las sazones de esta vida, mis sentidos.

Más de ti, menos de mí… ecuación perfecta.

Solemos andar al descubierto,

la razón y el sentimiento… Eterno contubernio.

Tomo cordura y transigencia a puños,

tanto y más como sea necesario.

Consuelo de muchos.

Expuse de frente mis sentimientos,

cada uno de ellos; creyendo sencillo tan solo verlos.

Nadie dijo que sería fácil, todo aquí me compromete.

si fracaso una vez, sean dos sin brete.

He de cometer muchas torpezas.

Más mirar a tras no puedo.

Fui hecho de quebranto; ya no hay sorpresas.

Por amor yo vuelvo, visto si por muchos,

tal vez no tantos, aun así, yo escucho.

Victoria y fracaso divergen,

líneas dispersas distantes que emergen.

Esto es así, lleno de tantos sabores.

espacio de versos y de amores.

Así es esta vida, tantos sazones,

tantos colores, tantas razones.

Tomado del libro Hoy cortaré una rosa, publicado por Bubok publishing. Todos los derechos reservados en favor del autor.

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