¿Qué es, lo que sacia de bien tu vida?

*Aarón Dávila*

Foto: Ilustrativa.

Debemos identificar qué es lo que verdaderamente sacia nuestro ser, porque buscamos muchas cosas para saciarnos.

David fue un rey forjado en la batalla, en el quebranto y en el clima errático de la misma humanidad.

Buscó en todas las ondas de la vida saciar la suya propia. En la amistad, en la batalla, en la conquista, en la riqueza, en el amor, en el sexo, en cada rincón y en todo.

Pero sólo en Dios encontró la paz y pudo saciar su ser.

Pero… En tu caso, ¿Qué es lo que sacia tu vida?: ¿El trabajo?, ¿el dinero?, a caso, el ¿status social?, o la moda, o tal vez, simplemente actualidad o deleite.

¿De todo lo que posees, que sacia realmente tu vida?

Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.

Las cosas materiales satisfacen ciertos aspectos de nuestra vida, pero no la sacian completamente, de ser así ¿por qué entonces, siempre queremos más?

Tenemos un carro y buscamos otro, compramos una casa y anhelamos una más, compramos dos chamarras y misteriosamente llega una tercera, tenemos una esposa y queremos dos; para algunos, estudiar una carrera no es suficiente, así es que estudian dos, hay quienes por sí las dudas, nunca dejan de estudiar.

Durante muchos años, de manera personal, busque aquello, que realmente saciara mi vida y, busque a lo largo y ancho de toda posibilidad que se presentaba delante de mi, sin embargo; un día entendí lo que el sabio Salomón dijera allá en el libro de Eclesiastés: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” es decir; nuestros esfuerzos están encaminados a satisfacer y no a saciar nuestras vidas.

Después de transitar por diferentes caminos, descubrí lo que realmente debí hacer mío desde mucho tiempo atrás, el amor, la estabilidad y la paz.

Si me permiten, quiero dejar bien clara esta idea, con todo respeto a otras formas de pensamiento.

El amor que yo necesitaba es uno verdadero, sin fingimiento, capaz de superar cualquier obstáculo. Los griegos enseñaban cuatro tipos de amor y, entenderlos así, ayuda a vislumbrar el camino a seguir.

 

EROS

Un amor intenso, carnal y generalmente efímero. Algo tiene que ver con la idealización del momento, detonada por la pasión y el impulso del deseo carnal. El eros es en esencia sexual. Es el motor básico del sexo casual y las infidelidades.

 

STORGÉ

Un amor fraternal, comprometido y duradero. Generalmente se cultiva a lo largo del tiempo y en muchos casos implica una relación filial o una coincidencia añeja con alguien más. Hasta cierto punto es el epítome de la relación empática, un sentimiento protector y que detona la lealtad.

 

PHILIA o FILOS

Solidaridad, hermandad y amor por el prójimo son algunas de las premisas fundamentales de este tipo de amor. Es la máxima expresión amorosa frente a la otredad en general, y con frecuencia la philia sirve como motor para que un individuo busque el bien común (desdoblándose en aspectos como el respeto, la gentileza y la cooperación).

 

ÁGAPE

Se refiere a la frecuencia más profunda del amor. Su vehículo es la pureza, la incondicionalidad e incluso la devoción. Esta forma de amor es universal, como el amor por una deidad, por la naturaleza o por la humanidad completa. El profesar este tipo de amor suele enriquecer a la persona y quizá sea parte de la esencia misma del ser humano –aunque a veces quede sepultada.

 

Ahora bien, hablemos de estabilidad emocional: La estabilidad emocional se asocia a personas que tienen un gran control de sí mismos, donde demuestran disciplina, paciencia, tolerancia, perseverancia, etc. Y ante las situaciones estresantes o difíciles de la vida reaccionan de manera positiva, no se vencen ante los obstáculos y son capaces de mantener una buena actitud. Lograr la estabilidad emocional en tu vida es el camino a la plenitud y vivir plenamente, es el verdadero éxito de los seres humanos.

De manera que, nos queda la paz: La paz es uno de los derechos fundamentales de los seres humanos, no precisamente el más buscado, por más increíble que esto resulte.

Afortunadamente y gracias a Dios, tenemos resiliencia, que es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro. En ocasiones, las circunstancias difíciles o los traumas permiten desarrollar recursos que se encontraban latentes y que el individuo desconocía hasta el momento.

Sin paz, es imposible vivir, no nos descuidemos, los afanes de la vida secuestran nuestros sentidos, nuestros más puros anhelos, perdemos poco a poco la capacidad de disfrutar las cosas esenciales, los mejores aromas, los más ricos sabores. Jesucristo dijo: La paz les dejo, mi paz les doy, no como el mundo la da…

Es por esto que, resulta particularmente importante y significativo, revisar el estado general de nuestra vida, de nuestros corazones y descubrir ¿que es lo que realmente sacia nuestra vida de bien?

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